¿Cuántas catástrofes vivieron los palestinos del Sinaí? Parte 1

Por: Ismāʻīl Alexandrānī

 

Al parecer, el artículo perdió su significado en las relaciones egipcio-palestinas, pues no se reconoce de manera precisa quién es “el” enemigo y quién “el” amigo, por lo que se perdió la “definición” de la victoria, la derrota, la catástrofe y la recaída[1], el Estado y el sistema de gobierno, así como de la seguridad y el servicio de inteligencia. Pensaba que el significado lingüístico de la Catástrofe (Nakba) se aplicaba específicamente sólo a Mayo de 1948, pero las consecuencias de los sucesos prácticamente produjeron catástrofes posteriores, cuya importancia no es menor en la trayectoria de la cuestión palestina con respecto al papel esencial de la Catástrofe principal. En cuanto al resto de las desgracias posteriores, los refugiados palestinos en el río Nilo y el Sinaí padecieron particularmente por sus efectos inmediatos, pero sus pesares se generalizaron a toda la cuestión palestina.

 

Los primeros que padecieron la Catástrofe emigraron de Yāfā (Jaffa)[2], al-Lad (Lod), al-Ramla (Ramla), ʻAsqalān (Ascalón / Ashkelon), hacia el sur por tierra y por el mar, donde la Franja de Gaza estuvo bajo el mando de la administración egipcia hasta 1967, cuando no había división que obstruyera la llegada al Sinaí ni al río Nilo utilizando el Canal de Suez. Las caravanas de expulsados descargaron sus sencillas cargas de los animales de carga y los refugiados echaron sus cuerpos debilitados bajo la sombra de los tamariscos y los árboles de aceitunas. Luego, el establecimiento de los fatigados se extendió de Bayt Ḥānūn, en el norte de la Franja de Gaza, a al-ʻArīš, antes de que algunos de ellos decidieran seguir la marcha hasta el río Nilo. En cuanto a los pequeños botes que llevaban familias de compatriotas de Yāfā y ʻAsqalān, los menos anclaron sobre la orilla oriental de al-ʻArīš, mientras que los barcos más fuertes navegaron un poco más hasta el puerto de Port Said, que era el puerto equipado más cercano sobre la costa del Mediterráneo.

Mapa I

El centro del Sinaí no conocía límites reales que lo separaran del Naqab (Néguev) palestino y de Bi’r Sabʻ (BeerSeba), sino que las tribus beduinas vivían en ambos lados —ligados por la sangre y movidos por el pastoreo y el comercio— sin que algún clan de esas tribus se aferrara a sus emplazamientos más que para encontrar los manantiales, como ʻAin al-Qādīrāt, o los servicios comerciales calendarizados —como el camino de la peregrinación existente en los campamentos de la tribu al-Tiyāhā, en el centro del Sinaí—. Y las gentes de las tribus al-Tarabīn, al-ʻAzazma y al-Laḥīwāt sólo conocían la pertenencia tribal, antes que la pertenencia a las regiones divididas por las fronteras cuyo trazo eran objeto de controversia políticamente hablando desde las guerras de los faraones y los Hicsos.[3]

 

Y a la sombra de la historia moderna, las guerras de los Sawārika contra los Tarābīn y sus aliados de la tribu al-Iqlāʻiyya, durante el siglo XIX,  por sí solas determinaron las preferencias de los refugiados para establecerse tras el exilio. En efecto, los mamelucos —de diversos orígenes asiáticos y europeos— que escaparon del río Nilo después de que ʻAlī Pašā preparara la pérfida y famosa matanza de sus jefes en la ciudadela de El Cairo[4], se aliaron a los Tarābīn contra los Sawārika. Y se dice que ellos adquirieron el nombre de al-Iqlā’iyya ya que se salvaron de la matanza de la fortaleza, o bien, porque se protegieron en una de las antiguas ciudadelas de Jān Yūnis durante esas guerras.[5] Por eso, y por otras razones, los territorios de los Sawārika casi estaban vacías de refugiados palestinos sedentarios, los cuales prefirieron la vida de las ciudades, y trabajar en el comercio, a la vida nómada y el pastoreo.

 

Algunos se establecieron en Gaza, desde Bayt Ḥānūn y Bayt Lāhiyā, en el norte, hasta Rafaḥ, en el sur  —y no había entre la Rafaḥ de los palestinos y el hermano país egipcio división alguna—,  otros siguieron la marcha 40 km más, cruzando la tierra de los Sawārika, que se extendía desde al-Šaij al-Zawīd —al oeste de Rafaḥ— hasta el oriente de al-ʻArīš, así como sus alrededores hacia el sur. Así que un refugio de quienes eligieron al-ʻArīš, era el centro de la ciudad, pues no se les había concedido el territorio hacia el occidente, donde estaban las tierras de las otras familias y tribus, entre quienes estaban precisamente la Sawārika. En aquél tiempo al-ʻArīš no era satisfactoria para quien había dejado una ciudad floreciente como Yāfā, o para quien aspiraba a reducir su desgracia, buscando oportunidades de mejor trabajo y vida. Por eso, algunos refugiados siguieron su emigración forzada hasta el río Nilo, donde se dividieron entre la zona rural de la provincia oriental y la zona urbanizada de El Cairo y Alejandría.

 

Y a los primeros que padecieron la catástrofe, se unió un segundo grupo de refugiados que entraron al Sinaí, al tiempo que los tres enemigos (Reino Unido, Francia e Israel) entraron a Egipto en 1956.[6] Y a pesar de ser una agresión breve, sirvió para construir una fuerte relación entre el ejército egipcio y sus servicios de inteligencia, por un lado, y entre los palestinos y los beduinos del Sinaí que se hacían llamar seguidores de al-Ṣūfiyya al-Ŷihādiyya (Sufismo Yihadí), por otro lado. Muchos palestinos estuvieron activos en la colaboración con el ejército egipcio en cuestiones de inteligencia y operaciones, y de aquí creció una fuerte relación cuya firmeza y aprovechamiento tuvo lugar desde la ocupación del Sinaí de 1967 hasta la etapa posterior a su completa liberación de 1982. En cuanto a al-Ṣūfiyya al-Ŷihādiyya, llegó al Sinaí procedente de Gaza a cargo del šaij Abū Aḥmad al-Gazāwī, en 1953, donde lo recibió su alumno, el šaij ʻEid Abū Ŷarīr, jeque de una rama de la tribu al-Sawārika llamada al-Ŷarrārāt (los escorpiones), y construyó para ella “conventos” por todo el Norte del Sinaí, empezando por su comarca al-Ŷūra, al sur de al-Šaij Zuyd.

 

La tariqa al-ʻAlawiyya al-Darqāwiyya al-Šāḏiliyya[7] fue la primera asociación religiosa en el Sinaí en los años 50 del siglo XX. Antes de ella, el Sinaí sólo había atestiguado, en al-ʻArīš y la presa de al-Rawāfiʻa, la presencia de los campamentos de los escuadrones de los Hermanos Musulmanes que participaron en la guerra de 1948, antes de que la monarquía les traicionara de antemano al firmar la tregua —y manteniéndolos bajo bajo arresto—, de la que cobró realidad la Catástrofe. La desaparición de los hermanos en el Sinaí, debido a la tensión de las relaciones políticas entre ellos y el gobierno de Nasser, coincidió con la expansión del sufismo y su florecimiento. Y durante el periodo de la ocupación israelí del Sinaí, los seguidores de al-Ṣūfiyya al-Ŷihādiyya, decenas de fedayines y cientos de informantes que espiaban al ejército de Israel dentro del Sinaí y dentro de las tierras palestinas ocupadas, se asociaron unos con otros.

 

A pesar de su dureza, no fue la derrota de 1967 la “segunda Catástrofe” en relación con los palestinos del Sinaí, pues la apertura de las fronteras de los Altos de Siria hasta el Canal de Suez hizo posible que palestinos y egipcios por igual se trasladaran y visitaran Al-Quds (Jerusalén), así como vincular los sentimientos y las acciones sin establecerse en un solo lugar. Es cierto que la mayor oleada de víctimas de la Catástrofe que se refugiaron en el Sinaí tuvo lugar en 1967, sólo que ésta era una extensión de la Catástrofe principal, o primera Catástrofe. Y de las paradojas que trajo la ocupación israelí del Sinaí, con la oportunidad de que algunos refugiados palestinos que estuvieran en condiciones de visitar sus casas arrebatadas —para después llevar a sus hijos y nietos—, están las conversaciones que intercambiaron con los colonos sionistas durante esas visitas. En cuanto a las siguientes catástrofes, sucedieron varios años después.

Mapa II

 

La segunda Catástrofe: Al-Quds-Camp David-Washington (1977-1979)

La decisión unilateral que el presidente al-Sadāt adoptó con la visita al Knesset israelí en 1977 fue la señal de la segunda Catástrofe para la cuestión palestina. Pero los fundamentos de esta catástrofe no estuvieron privados de las “tonterías palestinas” representadas por el asesinato de Yūsuf al-Sabāʻī, jefe redactor del periódico al-Ahrām y secretario de la Conferencia de Cooperación Afro-Asiática, dedicada a la discusión de la cuestión palestina[8]; luego vino la operación de la toma de rehenes en el aeropuerto de Lárnaca, en Chipre, en el invierno de 1978. Es cierto que el grupo de fuerzas especiales egipcias superaron al grupo Abū Niḍāl —separado del Movimiento para la Liberación de Palestina, FATAH[9] en estupidez y atolondramiento, por lo que tuvieron la culpa de la destrucción de las relaciones egipcio-chipriotas, y se apuntaron una de las más decepcionantes misiones en la historia contemporánea. Sin embargo, el entierro de al-Sibāʻī, el cual se celebró antes de las fases de desarrollo del intento de liberar a los rehenes, ya había presenciado gritos hostiles y más violentos contra la cuestión palestina en el corazón de El Cairo.

 

Y las sanciones diplomáticas que el farsante de al-Sādāt inventó contra Chipre —que no tenían sentido en el derecho internacional— no lo satisficieron, ni a su narcisismo, sino que premeditó castigar a los refugiados palestinos antes de dirigirse a Camp David para estipular el acuerdo de entendimiento mutuo, en el contexto del proceso de paz con Israel en el otoño de 1978. Las sanciones legales les despojaban de los derechos de igualdad con los ciudadanos egipcios que especificaba el protocolo y las resoluciones del Consejo de la Liga Árabe que habían sido confirmadas por Gamāl ʻAbd al-Nasser desde 1954.

 

Ocurrió que la membresía de Egipto en la Liga Árabe fue suspendida y, por consiguiente, no consideró una obligación la resolución número 462, emitida en 1952 para garantizar el derecho de los palestinos al trabajo y empleo en las regiones árabes igual que los ciudadanos de cata una de esas regiones. Con las resoluciones 47 y 48, emitidas en el verano de 1978, al-Sādāt anuló la ley que un legislador egipcio promulgó en tiempo de Nasser para dar trabajo a los refugiados palestinos en puestos del Estado e instituciones públicas (ley 66 del año 1962), así como su exención de impuestos sobre la concesión de trabajo (resolución del ministro de trabajo en Mayo de 1963). Se prohibió a los palestinos residentes en Egipto trabajar en el comercio interno o en la exportación e importación a menos que se hubiera casado con una egipcia antes de 1973. Además, el Departamento de Pasaportes y Migración marcó la expresión “No se le permite trabajar, sea remunerado o no remunerado” sobre los permisos de residencia y los documentos de viaje de los palestinos. Y en el mismo año se les prohibió a los hijos de palestinos la educación gubernamental gratuita, imponiéndoseles la educación privada, salvo que no sobrepasara el 10% de la capacidad de las escuelas públicas.

 

La calamidad ocurrió en 1979, cuando tuvo lugar la firma del tratado de paz egipcio-israelí, bajo la custodia estadounidense, en la capital de Washington. Y no exagero si digo que fue la ruptura egipcia con la época del arabismo y el establecimiento de un nuevo sistema de gobierno que giraba en la órbita de las relaciones estratégicas en colaboración con los Estados Unidos de América, las cuales no aceptaban la violación del tratado de paz con su aliado sionista. El primero de los anteriores ministros que aludió públicamente a la perspectiva de 1979 fue el capitán general Muhammad ʻAbd al-Ganī al-Ŷamasī, ministro precedente de defensa y dirigente del Cuerpo de Operaciones de las Fuerzas Armadas durante la guerra de Octubre de 1973. En la introducción de su Memorias escribió sobre el diálogo que sostuvo con al-Sādāt, lo cual fue un gesto de suavidad innecesaria, pues al-Sādāt le informó que la nueva etapa requería amplios cambios que alcanzarían a las instituciones del Estado completo. Luego al-Sādāt comenzó a marginarlo y realizó el cambio del jefe del parlamento, así que al-Ŷamasī eligió mantener su dignidad militar y presentó su dimisión.

 

Dos años después, en 1981, al-Sādāt fue asesinado y Husnī Mubarak heredó el régimen de 1979 que fundó su antecesor, y se dedicó a oprimir a los palestinos, privando a sus alumnos de las “academias superiores”, como la facultad de medicina, ingeniería, economía, ciencias políticas y comunicación; ni siquiera tuvieron derecho a sus grados en el bachillerato general. El Departamento de Planeación siguió asignando a los alumnos sobresalientes, así como a otros más, a las academias que el Estado les permitía, hasta que el decreto fue prohibido con una nueva disposición que autorizaba a los palestinos entrar a todas las academias, pero decretaba su trato social como trato de extranjero. Así que el alumno palestino nacido en Egipto con padres nacidos en Egipto —y al que se le retiró, así como a su familia, los privilegios que igualaba al de los ciudadanos— se volvió responsable de pagar entre 1000 y 3000 libras esterlinas, o su equivalente en dólares estadounidenses, por derechos de registro, y de igual forma, como gastos escolares de cada año.

 

En la época de Mubarak prosiguieron las resoluciones que restringieron a los refugiados palestinos el acceso a la residencia y al sustento, y las resoluciones oficiales fueron apoyadas por las amplias facultades en cuestiones de seguridad del Aparato de Investigación de Seguridad del Estado, que intensificó su presión sobre los habitantes del Sinaí, tanto egipcios como palestinos, aún más de lo que había aumentado en el Río Nilo. Así que en el año de 1985 se emitió una ley que prohibía a los palestinos el derecho de poseer tierras cultivables. La ley estipulaba su aplicación retroactiva; más aún, impedía a una egipcia casarse con un palestino que vendiera su tierra a su esposa, y le obligaba a venderla a otro egipcio, a menos que el gobierno desistiera y se retractara de esta ley en un tiempo posterior. Y a la mitad de la primera década del milenio, se detuvo por completo la ayuda asistencial a los refugiados palestinos, y eso luego de que se completara para ellos el cambio oficial en sus credenciales y documentos, de “palestino” a “árabe” y, finalmente, a “extranjero”. Y se repitieron las imputaciones de severa discriminación que alcanzaron hasta a los hijos de los palestinos que se destacaban en las escuelas, pues se les negaba el reconocimiento, o la participación en los concursos de los mejores alumnos, pues se validaba su avance académico a quien de los alumnos egipcios le seguía, discriminación que sigue vigente hasta el momento en que se escriben estas líneas.

 

La opresión que vivieron los palestinos al final de la era de Mubarak alcanzó el grado de verse amenazados por ciudadanos que se oponían a su migración —y que eran cercanos al aparato de seguridad— si estallaba una pelea repentina. Y en una sociedad machista, una mujer de al-ʻArīš, en un altercado repentino, amenazaba a un hombre palestino mezclando su amenaza con desprecio, lo que era expresión de los grados más bajos a los que cayeron sus condiciones de vida, hasta que el asunto mismo de su migración llegó a tener completamente el grado de amenaza en sí misma durante un pleito entre vecinos. Todos estos factores contribuyeron a que los egipcios se abstuviesen de casarse con palestinas o al parentesco por matrimonio con los palestinos, por temor a restricciones burocráticas que pudiese discriminar entre los miembros de la familia, e igualmente, que se les impidiese viajar, lo que trajo el retroceso de la edad de matrimonio para ambas nacionalidades y empeoró mucho los problemas.

 

La Catástrofe de 1979, o Catástrofe de Camp David, no fue “la” última, pues las catástrofes continuaron, y halando específicamente de los palestinos del Sinaí, las dos siguientes catástrofes fueron resultado de las relaciones entre El Cairo, Rāmallāh y Gaza, dentro del contexto de 1979. En la siguiente parte de este ensayo, tomo la cuestión de los túneles de contrabando en el contexto de la tercera catástrofe, en la que se completó la reducción de Palestina a Gaza. Y concluyo con la cuarta catástrofe, que es la catástrofe de Julio de 2013.

 

*Traducción Daniel Maldonado.

El texto original no tiene notas, éstas son añadidos del traductor para facilitar su lectura a quienes no están del todo familiarizados con algunos sucesos que menciona el texto. La bibliografía a su vez es un añadido que refiere a las obras citadas en las notas.

Texto original publicado el 9 de Junio de 2014 en al-Jadaliyya  Link: http://www.jadaliyya.com/Details/30711/1-%D9%83%D9%85-%D9%86%D9%83%D8%A8%D8%A9-%D8%B9%D8%A7%D8%B4%D9%87%D8%A7-%D9%81%D9%84%D8%B3%D8%B7%D9%8A%D9%86%D9%8A%D9%88-%D8%B3%D9%8A%D9%86%D8%A7%D8%A1

Créditos de los Mapas

Mapa I: Montero, Pablo (1986) Israel-Palestina. Rompecabezas para armar. México: Ediciones y Publicaciones Zona / Museo Nacional de las Culturas INAH, p. 125.

Mapa II: Álvarez-Ossorio, Ignacio & Izquierdo, Ferran (2005) ¿Por qué ha fracasado la paz? Claves para entender el conflicto palestino-israelí. Madrid: Instituto Universitario de Desarrollo y Cooperación / Catarata, p.230

[1] En árabe dice Al-Nakba wa al-Naksa. ambos son conceptos que los palestinos utilizan para designar dos acontecimientos completamente lamentables en su historia moderna. Al-Nakba, cuyo significado es “catástrofe” o “desastre”, se refiere concretamente al 30 de mayo de 1948, día en el que se proclama la creación del Estado sionista de Israel. Aunque su conmemoración refiere específicamente a este día, el concepto alude también a todas las desgracias que trajo consigo: expulsión y persecución de los palestinos por parte de los grupos sionistas armados, expropiación de sus tierras y el establecimiento de colonos judíos en ellas, así como la dispersión de la población palestina y la fragmentación del territorio palestino. Este concepto es muy importante en el presente ensayo, desde el momento en el que está contenido en el título; usualmente los traductores lo transcriben, pero he elegido traducirlo siempre por “catástrofe” para que conserve la connotación semántica y conceptual que tiene en el original. Al-Naksa, que significa “recaída”, “revés”, alude a la victoria del estado sionista en la guerra de los seis días y sus consecuencias: segundo desplazamiento de la población palestina, la ocupación sionista del Sinaí y de los Altos del Golán sirios, Jerusalén, Gaza y Cisjordania.

[2] Doy las denominaciones árabes de ciudades y regiones y, entre paréntesis, la forma en como se conoce en castellano, con regularidad derivada de su nombre en hebreo.

[3] Anteriormente los historiadores, apoyándose en Flavio Josefo y en textos egipcios tardíos, pensaban que los Hicsos eran un pueblo proveniente del norte de Asia, el cual irrumpió violentamente en Egipto hacia 1730 a. n.e. (Wilson, p. 231 ss). Sin embargo, la palabra hicso se refería principalmente a los jefes de habitantes del norte y nordeste de Asia que migraron lentamente hacia Egipto y cuya penetración parece no haber sido en modo alguno en calidad de conquistadores violentos (Vercoutter, p. 145). Ello implica que por hicsos no deberíamos entender un pueblo o “raza” nueva que introdujo elementos culturales propios distintos de los que pudieron conocer durante el proceso de su migración desde el norte asiático hacia el Delta egipcio, donde se establecieron en Avaris, posteriormente conocida como Tanis. Hacia 1680 a. n. e., los hicsos lograron tomar Menfis y hacerse con el control de Egipto, gobernando directamente el norte y dejando a una dinastía egipcia —residente en Tebas (la XVII Dinastía)— en calidad de tributarios. Esto ya refleja una división territorial, que es a lo que apela aquí Alexandrānī, que conllevó la división de facto de la hasta entonces bien mantenida unidad política de Egipto. Las guerras a las que alude el autor fueron las campañas realizadas por los Tebanos, a partir de Sekenenre’-Taä-II, para expulsar a los asiáticos y recuperar así el control y la unidad territorial y política egipcia (ibid., pp. 146-147).

[4] Aquí el autor se refiere a Mehmet ʻAlī, un turco de origen macedonio que hacia 1805 se hizo del control de Egipto (Hourani, p. 336). Los mamelucos fueron los oficiales militares esclavos que se hicieron del control de Egipto derrocando a los Ayubíes (Goldschmidt Jr. & Johnston, p. 251); tras la derrota en 1516 del último sultán mameluco (Imber, p. 76) y la subsiguiente administración otomana de Egipto, estos jefes militares fueron incorporados al sistema de gobierno otomano (Hourani, p. 284). Mehmet ʻAlī consolidó su poder gracias a que convenció a los mamelucos de respaldarlo, pero en 1811 preparó la masacre mencionada por Alexandrānī con el fin de eliminar un potencial peligro a su autoridad (al-Sayyid Marsot, p. 65).

[5] En árabe ciudadela se dice qalʻa, de ahí que las explicaciones que menciona el autor tengan relación con hechos que suceden en torno a ciudadelas, pues la palabra Iqlāʻiyya está emparentada etimológicamente con aquella palabra.

[6] En 1956 Gamāl ʻAbd al-Nasser nacionaliza el Canal de Suez, lo cual fue tomado negativamente por Francia y Gran Bretaña, no sólo por ver amenazado su libre uso del canal, sino también por considerarlo un acto hostil por parte del gobierno egipcio. Por su parte, el gobierno israelí vio la oportunidad de debilitar al régimen egipcio y, previo acuerdo con ambas potencias europeas, invade en Octubre de ese mismo año Egipto, posicionándose en el canal. Los gobiernos francés y británico “exigieron” a Egipto e Israel la retirada del canal y ante la negativa de Nasser invaden también Egipto. La crisis sólo se solucionará con la intervención de Estados Unidos y la URSS (Hourani, pp. 443-444).

[7] Esta tariqa fue fundada por Abū al-ʻAbbāa Aḥmad al-ʻAlawī (m. 1934) como una rama de la tariqa al-Darqāwiyya (Bousria, p. 77), fundada por Abū Ḥāmid al-ʻArabī al-Ḏarqāwī (m. 1823) como una rama de la tariqa al-Šāḏiliyya (Spencer Trimingham, p. 111), fundada por al-Šāḏilī (m. 1258), de origen marroquí, pero establecido en Egipto (Hourani, p. 307).

[8] En el contexto de las acciones diplomáticas del gobierno egipcio para concertar la paz con Israel, los principales periódicos egipcios respaldaron al gobierno criticando a los regímenes árabes que se oponían a un acuerdo de paz con los ocupantes (Talhami, p.260). Al-Ahrām trató de desacreditar la lucha armada contra Israel, y a los estados árabes que la apoyaban, para subrayar que el camino que verdaderamente beneficiaría a la causa palestina sería un acuerdo de paz (ibid., p. 261). De ahí que el asesinato de al-Sibāʻī fuese considerado por los guerrilleros que lo cometieron como una venganza por la traición que los egipcios habían hecho a su causa.

[9] Abū Niḏāl era el nombre clave de Ṣabrī al-Bannā, un miembro del Fatah que había estado al frente de la representación de la OLP en Bagdad. Desde inicios de los 1971, al-Bannā mantuvo estrechos contactos con la inteligencia iraquí (Sayigh, pp. 354-355), con la que colaboró —luego de que desertara del Fatah, en 1974—para atacar a la representación diplomática de la OLP en Europa occidental y tratar de infiltrarse en el aparato de seguridad de la OLP (Cobban, p. 131, n. 56). La organización armada que fundó con apoyo de los iraquíes, el Consejo Revolucionario Fatah, también fue conocida por el pseudónimo Abū Niḏāl y dirigió operaciones de asesinatos selectivos tanto de miembros de la OLP como de funcionarios israelíes.

 

 

Bibliografía

 

Bousria, Abdelilah (2010) The Secret Politics of the Sufi: The Sultan and the Saint in the Modern Morocco. (Thesis) Washington D C: American University.

Cobban, Helena. (1989) La Organización para la Liberación de Palestina. Trad. Eduardo Guerrero. México: FCE.

Goldschmidt Jr., A. & Johnston R. (2003) Historical Dictionary of Egypt. 3a ed. Oxford: The Scarecrow Press. Inc.

Hourani, Albert (2010) La Historia de los Árabes. Trad. Anibal Leal. Barcelona: Ediciones B.

Imber, Colin (2005) El Imperio Otomano. 1300-1650. Trad. Jordi Vidal. Barcelona: Ediciones B.

Sayigh, Yezid (2004) Armed Struggle and the Search for State. The Palestinian National Movement 1949-1993. New York: Oxford University Press.

al-Sayyid Marsot, Afaf Lutfi (2007) A history of Egypt. From the Arab conquest to the present. 2a. ed. New York: Cambridge University Press.

Spencer Trrimingham, John (1971) The Sufi Orders in Islam. Oxford: At the Clarendon Press.

Talhami, Hashem Ghada (2010) Palestine in the Egyptian Press. From al-Ahram to al-Ahali. Paymouth, U K : Lexington Books, Rowman & Littlefield Publishers.

Vercoutter, Jean (2012) “Egipto hasta finales del Imperio Nuevo” en Lévêque, P. (dir.) Las Primeras Civiizaciones. De los despotismos orientales a la ciudad griega (pp.59-182). Trad. Eduardo Bajo Álvarez. Madrid: Akal.

Wilson, John A. (1967) La Cultura Egipcia. 4ª ed. Trad. Florentino M. Torner. México: FCE.

 

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