Las Tres Verdades

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Los sufis son conocidos como Buscadores de la Verdad, siendo esta verdad un conocimiento de la realidad objetiva. Una vez, un ignorante y codicioso tirano decidió hacerse poseedor de esta verdad. Se llamaba Rodrigo, un gran señor de Murcia, en España. Resolvió que la verdad era algo que Omar El-Alawi de Tarragona podría decirle, si lo forzaba a ello.

Omar fue arrestado y traído a la corte.

Rodrigo dijo: “He ordenado que las verdades que tú conoces me sean dichas en palabras que yo entienda; de lo contrario, tu vida está perdida”

Omar contestó: “¿Observáis en esta caballeresca corte la universal costumbre por la que, si una persona arrestada dice la verdad en respuesta a una pregunta, y si esa verdad no la inculpa, es puesta en libertad?”

“Así es”, dijo el señor.

“Pido a los presentes que den testimonio de esto, por el honor de nuestro señor”, dijo Omar, “y ahora yo no diré una sola verdad sino tres”.

“Nosotros también debemos estar convencidos”, dijo Rodrigo, “de que tus pretendidas verdades son, de hecho, genuinas. La prueba debe acompañar lo expresado”.

“Para un señor como tú”, dijo Omar, “a quien nosotros podemos brindar no una sola verdad, sino tres, podemos también ofrecer verdades que sean evidentes por sí mismas”.

Rodrigo, ante este cumplido, se sintió henchido de orgullo.

“La primera verdad”, dijo el Sufi, “es, ‘yo soy aquél al que los demás llaman Omar el Sufi de Tarragona’. La segunda es que tú has convenido en liberarme si yo digo la verdad. La tercera es que tú deseas conocer la verdad tal como tú la concibes”.

Tal fue la impresión causada por estas palabras, que el tirano se vio forzado a conceder la libertad al derviche”.

***

Esta historia introduce las leyendas orales derviches tradicionalmente transcriptas por El Mutanabbi. Él estipuló, según los narradores, que estas historias no debían escribirse sino hasta mil años después. El Mutanabbi, uno de los más grandiosos poetas árabes, murió hace mil años.

Idres Shah, Cuentos de los Derviches, pp. 36-37.

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