Gracias شكرا

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Gracias por tu amor

porque él es mi último milagro…

después de que pasara el tiempo de los milagros.

Gracias por tu amor

porque él me enseñó a leer y a escribir

y me dotó con el más asombroso vocabulario

y borró a todas las mujeres… de un solo golpe

y asesinó al más hermoso de mis recuerdos.

 

Gracias por la profundidad

oh, tú que viniste desde los libros de la alabanza y el rezo

gracias por tu cintura, que vino a la medida de mis sueños y de mis fantasías,

y por tu cara,

que se oculta como los pájaros

entre mis cuadernos y mis agendas.

Gracias, porque tú vives en mis poemas

Gracias…

porque te sientas sobre todos mis dedos

Gracias porque estás en mi vida.

 

Gracias por tu amor

porque me dio la buena nueva antes que a todos los creyentes

y que me eligió como rey…

y me coronó

y me bautizó con agua de jazmín.

Gracias por tu amor

pues él fue generoso conmigo, me educó

y me enseñó las ciencias de los ancestros

y me heredó con la felicidad del paraíso, sin los habitantes de este mundo.

Gracias por los días de vagancias bajo arcos de nubarrones

y el agua del triste tishrin[1]

y por cada una de las horas de perdición

y por cada hora de serenidad.

 

Gracias por tus dos ojos

que viajan como si fuesen uno solo

a las islas de violeta y de la nostalgia

por cada uno de los años dorados,

pues, en verdad, fueron los más dulces años.

Gracias por tu amor

pues él es el más leal y el más precioso de los amigos

y es el que llora sobre mi pecho

si el cielo llora.

Gracias por tu amor, pues él es mi abanico

y un pavorreal… y menta… y agua

y una nube rosada que pasó por casualidad

con un destino equitativo

y porque él es la sorpresa en la que quedan perplejos los profetas.

 

Gracias por tu pelo, objeto de interés mundano

ladrón de todos los bosques de la imaginación.

Gracias por los minutos

en los que tus ojos fueron generosos en esta existencia avara.

Gracias por las horas de temeridad y de desafío

y por cosechar lo imposible.

Gracias por cada año de tu amor

en su otoño y en su invierno,

en su borrasca y su bonanza

y en las contradicciones de su cielo.

Gracias por el tiempo del llanto

y por las temporadas de largo desvelo.

Gracias por la bella tristeza,

gracias por la bella tristeza.

Nizar Qabbani


[1] Décimo mes del calendario de Medio Oriente, derivado de la nomenclatura siríaca y que corresponde aproximadamente con Octubre.

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Tres consejos

etc_sufismo

Una vez, un hombre atrapó un pájaro. El pájaro le dijo: “como prisionero tuyo, no te soy de utilidad alguna, pero déjame en libertad y te daré tres valiosos consejos”. El pájaro prometió dar el primer consejo estando aún en la mano del hombre, el segundo cuando alcanzara una rama y el tercero al llegar a la cima de una montaña.

El hombre aceptó y pidió el primer consejo.

El pájaro dijo: “si pierdes algo, aunque lo valores tanto como a tu vida, no sientas pesar”.

Entonces él soltó al pájaro que voló hasta una rama. Acto seguido, dio el segundo consejo: “Nunca creas algo que contradice a la razón sin tener pruebas.”

Luego, el pájaro voló a la cima de la montaña, desde este lugar dijo: “¡Oh desafortunado! ¡dentro de mí hay dos enormes joyas; con sólo matarme hubiesen sido tuyas!”

El hombre se angustió al pensar en lo que había perdido, pero dijo: “al menos dime ahora el tercer consejo”

El pájaro replicó: “¡qué tonto eres, pidiendo más consejos sin haber meditado sobre los dos primeros! ¡te dije que no te ocuparas por lo que se ha perdido, y que no creyeras algo contrario a la razón. Ahora estás haciendo ambas cosas. Estás creyendo algo ridículo y te afliges por haber perdido algo! No soy suficientemente grande como para tener dos enormes joyas dentro de mí.

Eres un tonto; por lo tanto debes permanecer dentro de las restricciones habituales impuestas al hombre”.

***

En círculos derviches, se considera este cuento de gran importancia para “sensibilizar” la mente del estudiante, preparándola para experiencias que no pueden ser producidas por medios corrientes.

Además de ser de uso diario entre los sufis, el cuento se halla en el clásico de Rumí, el Mathnaví. Figura en el Libro Divino de Attar, uno de los maestros de Rumí, ambos vivieron en el siglo XIII.

Fuente: Idres Shah, comp., Cuentos de los derviches, trad. H. D. Halka, Barcelona, Paidós, 1972, pp. 139-140.